Juan Isaac Silva Gamez

La vida de Juan Isaac (Cádiz, 1979) está determinada por dos circunstancias: la pérdida del oído a los 3 años y la recuperación del mismo a los 30. La primera podríamos considerarla un accidente, o como diría el escritor argentino Martín Caparrós “un exabrupto de segundos que modifica horas, meses, años, todo”. Tras un problema de asma en su niñez, los médicos recomendaron a su madre suministrarle un tipo de medicamentos ototóxicos que le provocaron una sordera progresiva. Finalmente perdió toda la audición. Su infancia y juventud estuvo marcada, como cabe esperar, por su identidad sorda. El desarrollo en el colegio y el instituto no fue fácil, pues paralelamente a las clases habituales, Juan Isaac asistía a sesiones de oralismo impartidas por un logopeda para aprender a leer los labios y a hablar. Era un niño sordo y oralista (desconoce la lengua de signos) que debía integrarse en un ámbito común: comunicarse con sus compañeros, leer los labios a los profesores para seguir las clases y un sinfín de otras tareas rutinarias a las que se adaptaba mejor o peor. Se decantó por la carrera de Bellas Artes debido a su necesidad de comunicación, y por supuesto, porque las clases prácticas de pintura y dibujo suponían una escapatoria a la tediosa teoría que le obligaba a estar muy atento a la pronunciación de sus profesores.

El arte se convirtió en su nueva herramienta de comunicación, un medio que no requería ni leer los labios ni pronunciar sonidos, y lo mejor de todo, que acariciaba directamente el alma del espectador. Superó esta prueba con creces y pronto empezaría a definirse como “pintor, pintor”. Todavía hoy se define como tal a pesar de que en su producción predomina la instalación y la fotografía, y es que la herramienta de la pintura fue tan poderosa durante un tiempo para él, que Juan Isaac no se atreve a darle la espalda.

 

Año promoción

2012