Como en un salón abandonado, una exposición de Cristian Álvarez Mejuto, Lucía Cañal, Mía Mas, Agustín Muñoz e Inma Zoilo

    Fecha

    Horario

    De lunes a viernes de 10 a 21h

    Coordinadores

    Amalia Ortega Rodas

    Lugar

    Espacio Laraña

    COMO EN UN SALÓN ABANDONADO

    UNA EXPOSICIÓN DE CRISTIAN ÁLVAREZ MEJUTO, LUCÍA CAÑAL, MÍA MAS, AGUSTÍN MUÑOZ, INMA ZOILO

    COMISARIADA POR BRUNO ESCOBAR Y COORDINADA POR AMALIA ORTEGA RODAS 

    Nuestro mundo —en un devenir perpetuo que nos hace hablar de aquello recién acontecido como verdadero mundo de ayer— está en constante cambio. Quizás sea cierto que en nuestra sociedad, más preocupada que ninguna anterior por el bienestar, también opere la venganza de las cosas y, en respuesta, una creciente construcción del aislamiento. La tensión que ejerce la masa puede repelernos y es por ello que los espacios que permanecen medianamente ajenos a la mutación y lo colectivo son los que se erigen al fin en asideros únicos de nuestra individualidad.

    Es así que la casa guarda el secreto de nuestras vidas. En ella cíclicamente se reproducen nuestros días, nuestros ritos, nuestros miedos. La casa es el teatro de nuestra intimidad, y sus cuartos los altares donde consumamos los ritos conocidos, repetidos, interiorizados. Nuestras vidas se transforman entre sus muros, que en silencio acogen nuestros fugitivos encuentros con la belleza. En la casa se acumula experiencia y el peso del pasado es tal que puede llegar a deformar la percepción de las estancias; un rápido vistazo sobre una cama, por ejemplo, logra invocar aquello que ha dejado de existir, aquello que solo solo vive en recuerdos: imágenes y espacios en que codificamos la experiencia. A esto se debe el agrio terror que nos produce la entrada en ella de lo desconocido, la irrupción de lo inexplicable, o que sirva de escenario a episodios funestos.

    Y sin embargo, sumida como está la casa en el ciclo de los días, también hay horas en que se detiene, y yace ensimismada. Hasta qué punto seamos los verdaderos habitantes de la casa es cuestión a debatir. Porque, para nosotros, el hogar existe tan solo en la franja horaria que pasamos en él, y por eso se nos hace extraño deambular por él a horas infrecuentes. El resto de la jornada en que nos ausentamos son los objetos, los seres inertes que jalonan nuestros días, quienes la pueblan. Objetos que nos tratan con asombrosa parquedad de palabra; que nos inquietan con sus ademanes pasivos y actitudes laxas: que son indispensables para nosotros aunque nuestras dificultades no les conmuevan. La vida pasa por ellos y no se hacen eco de nuestras penurias; toda respuesta en ellos es alucinada, aunque en ocasiones los intuyamos como dotados de vida. A veces, cuando volvemos al hogar y abrimos la puerta, queremos hacerlo lo bastante rápido como para sorprender un atisbo de vida en las cosas, antes de que adopten su rigidez habitual.

    Como en un salón abandonado busca reflexionar acerca de una serie de asuntos tan universales como particulares. El frágil equilibrio de tensiones sobre el que se sustenta la vida privada, la compañía espiritual que brindan los objetos, la huella de la vida en las cosas, la irrupción de lo prohibido o la marca indeleble del duelo son algunos de los asuntos que pueden leerse en el plano interpretativo. Obras que exploran las posibilidades de la casa como espacio generador de coyunturas artísticas de distinto signo y que nos permiten explorarla como si el salón hubiese sido momentáneamente abandonado por sus moradores.

    Bruno Escobar Comisario