MORBOSUIT de Carlos Dovao

Fecha

Horario

Lunes a Viernes de 11 a 14 h. y de 17:30 a 21 h.

Coordinadores

Simón Arrebola. Comisaria Noelia Arrincón

Lugar

Sala Espacio Laraña

Inauguración de MORBOSUIT de Carlos Dovao, comisariada por Noelia Arrincón y coordinada por Simón Arrebola.

Fecha: 11 de enero a las 20:00 h.

"El mito de Eros y Psiqué narrado por Apuleyo nos cuenta la historia de su enamoramiento y describe la curiosa forma en la que se producían sus encuentros íntimos. Siempre a oscuras, Eros se dejaba tocar pero le negaba a su amada la posibilidad de ser visto. El deseo acabó ahogando el alma de Psiqué por saber quién y cómo era su amante. De este relato se deduce que la ausencia de luz y el tacto servían como sustitutos y motores del deseo de esa relación que tras varias vicisitudes, Psiqué acabará finalmente convertida en diosa y al lado de Eros. Unión de la que nacerá su hija Hedoné que no es sino la personificación del placer.

Esta idea de sustitución de lo que es por lo que representa es lo que pensadores como Sigmund Freud asocian con el concepto de fetiche y que analizó desde el punto de vista sexual.

El papel de la mirada juega un papel fundamental en la creación de estas “sustituciones” y podemos apreciar como a lo largo de la historia se ha producido un desarrollo en  la evolución humana y el que ha ido suministrando las nuevas formas de relacionarse sexualmente. Maneras que inevitablemente han saltado al terreno de la expresión artística.

Muestra de esta exploración en torno al fetichismo y a ese juego de sustituciones visuales es la obra que nos propone Carlos Dovao a través de su proyecto MORBOSUIT. En el que se aborda una filia obsesiva por recubrir el cuerpo, tanto el humano como el artificial de los maniquís, con la indumentaria zentai. Término japonés que procede de la contracción entre las palabras zenshin taitsu (全身タイツ), que se traduce como "ropa ajustada de cuerpo entero".

Esta indumentaria permite la anulación del rostro y de las singularidades de nuestra piel biológioca. Tan sólo nos identifica como individuos humanos, nos deja intuir tanto la complexión anatómica como diferenciar las concavidades o convexidades de los atributos sexuales. Estar bajo esta indumentaria es situarse en el rol que Eros desempeñaba en el relato de Apuleyo, ya que son una suerte de interruptor que apaga la luz de nuestras singularidades y nos convierte en objeto de deseo fetichista para el espectador. Este último viene a hacer el papel de Psiqué que con su tacto y/o la apreciación de la morfología de esos cuerpos monocromáticos estimula e incrementa el deseo por adivinar quién es el individuo que hay dentro.

En el imaginario visual de prácticas sexuales se tiende por regla general a desempeñar roles a través de la panoplia asociada a la esclavitud por medio de collares, cadenas, látigos y lo salvaje, este último a través de la negritud, los tatuajes o la desnudez. Los trajes zentai abordan estos territorios ya que este recubrimiento permite la total desinhibición y la herencia que concede la invisibilidad. A través de imbuirnos en esta instalación casi a oscuras y que por momentos podemos apreciar lo que se muestra en la sala, nos consiente tomar las riendas de este poder de ver pero no ser vistos e incluso de interactuar o dejarnos tocar por la presencia de individuos zentai como Pasajero Zeta.

Sin embargo, podríamos aventurarnos a decir, que más que enmascararnos con este atavío y la oscuridad, este fetiche textil a lo que nos somete es a un proceso de desnudamiento y de reconciliación con nuestros deseos más profundos. Unos impulsos que aunque pudieran conducirnos a la sordidez, o incluso a la perversidad, no dejan de formar parte de nosotros".

 

Simón Arrebola Parras

Enero 2018